
Oye, déjame contarte de La Cilla, un lugar que solía ser uno de mis restaurantes favoritos en la isla. Está en Artenara y tiene unas vistas que te dejan sin aliento, pero ahora mismo está en decadencia total. El local está sucio, los camareros no tienen ni pizca de idea de lo que hacen y, para colmo, las moscas no te dejan comer tranquilo. Un verdadero desastre, la verdad.
Antes era un sitio donde podías disfrutar de buena comida canaria, con platos como croquetas y un tierno conejo que quitaban el hipo. Pero ya no. Deberías pensarlo dos veces antes de ir, porque no creo que valga la pena arriesgarse. Si buscas calidad y un buen trato, mejor busca en otra parte. La Cilla se ha quedado atrás, y es una pena.
Restaurante La Cilla
Página web
Mapa Ubicación Restaurante La Cilla
Cuál es el nombre del restaurante mencionado en el artículo
¡Ey, colegas! Hoy les voy a contar sobre mi experiencia en el Restaurante La Cilla que se encuentra en Camino de la Silla, 3, 35350 Artenara, Las Palmas. Queríamos dar una vuelta y nos pareció una opción buena para parar a comer, pero la verdad fue un auténtico desastre.
Primero, llegamos y el lugar se veía espectacular, con unas vistas al barranco y al roque Nublo que te dejaban sin aliento. Se sentía bien estar ahí, hasta que el camarero amable nos entregó las cartas. Ya ahí, me di cuenta de que había diferencias de precios en cada plato. ¿¿Qué es eso?? 50 céntimos más en cada producto. Luego nos atendió el dueño, que más que un chef, parecía que había pasado la noche afuera. Me dio mal rollo la relación entre el camarero y él, con miradas de desprecio y todo.
Pedimos un par de platos recomendados por el dueño: un revuelto de setas y langostinos, pescado del día y un variado de entrantes. La comida llegó como si hubiese viajado por toda la isla. El revuelto no tenía nada de espectacular, solo eran setas de lata en un sartén y el surtido de entrantes, bueno, un chorizo frito empapado en aceite y unos pimientos del padrón que ni fu ni fa. Y el queso de cabra que tanto esperaba probar, resultó ser un queso de supermercado en mal estado.
El pescado, un atún que no era fresco pero al menos sí estaba bien cocinado, aunque la ración era ridícula. Pedimos cafés y el café con leche era más leche manchada que otra cosa. Al final, cuando pedimos la cuenta, el camarero nos dice que hay que consultarla con el dueño, porque él es el que sabe de precios. La cuenta subió a 25€ por persona, un poco caro para lo que nos sirvieron. La idea de que lo barato es malo se hizo realidad aquí, aunque podrías pensar que 25€ no es tanto, al final la calidad no vale ese precio.
Y ya para rematar, el lugar estaba muy descuidado: sillas rotas, latas de refrescos esparcidas, bichitos voladores por ahí y un aseo que daba pena. Me atrevería a decir que si llevamos a Chicote a este sitio, seguramente lo cerrarían. Un sitio precioso, en una localización brutal, pero lastimosamente, no le hicieron justicia. Así que si vas, piénsatelo dos veces.
Así que ya saben, La Cilla no es la mejor opción si buscan buena comida en un buen ambiente.
Dónde se encuentra ubicado La Cilla
Mira, hablemos de La Cilla. La entrada ya te engancha, con esa cueva que te lleva al comedor abierto. Las vistas a la cumbre de Gran Canaria son una pasada, pero la experiencia se acaba ahí. La comida es aceptable, aunque los precios de la carta son un chiste. Esa excusa de que la carta está desactualizada… ¿en serio? Ya sabes, te va a tocar llamar al dueño para saber cuánto te va a costar lo que pides. Y ni hablemos del servicio. ¡Lento, lento! Te quedas ahí mirando el reloj y sintiendo cómo se te caen las ganas.
Y es una pena porque el lugar tiene potencial, pero el ambiente es un desastre. Podías ver a las camareras con el dueño discutiendo, y eso es incómodo para todos. La verdad, con el rollo de las malas contestaciones y la falta de organización, el lugar se siente muy tenso. No lo recomiendo para nada. Nos bastaron unos entrantes para darnos cuenta de que mejor irse de ahí.
Ahora, cambiemos de ritmo, porque también hay opiniones que dicen que la experiencia en La Cilla es buena. La comida, según algunos, está rica y las porciones son generosas. En una de esas visitas que escuché, fueron cuatro personas y pidieron una tabla de quesos, un cachopo, un huevo roto y se llenaron. Precio ajustado por todo lo que comieron. Un trato amable y el ruido bajo, así puedes chismear con los amigos sin problemas. Todo fluye, aunque, eso sí, ¡la espera para la mesa no siempre es la mejor!
Y también hay quienes dicen que el lugar es chido, vale la pena. Han ido varias veces y cada vez se sorprenden más con las vistas. Pero cuidado, ya han tenido líos con reservas que no se apuntaron. Imagínate esperar 30 minutos a pesar de haber reservado. Pero al final, la mayoría se marcha feliz. Es un lugar para relajarse, disfrutar y dejar que pase el tiempo. Buen ambiente y buenas vibras.
Así que, para culminar, La Cilla se encuentra en Camino de la Silla, 3, 35350 Artenara, Las Palmas. Vayas a donde vayas, mantén la vista en las montañas, que eso no te lo quita nadie.
Cómo eran las vistas desde La Cilla en el pasado
Ya te digo que La Cilla tiene ese toque especial que a todos nos gusta. Las vistas son una locura, pero la cosa no se queda ahí. Hay dos caras de la moneda, y la verdad es que he escuchado de todo. Por un lado, hay quienes han tenido experiencias horribles con el servicio. Uno de mis colegas se quejó de que estuvo una hora y media esperando la comida. ¡Una locura! Y cuando al fin llegó, la parrillada venía incompleta, con la carne cruda y fría. Mal rollo total. Hay gente que se levantó sin comer y con el estómago vacío. Eso sí, hay que reconocer que el dueño no ayudaba con su forma de tratar a los camareros, que claro, ya sabes cómo va, eso crea un ambiente tenso.
Pero, ¡espera! No todo está perdido. Los que han amado La Cilla dicen que es un lugar de ensueño. La comida, hecha con cariño y con ese toque especial que solo un buen cocinero puede darle. Además, el dueño es un crack que se involucra en todo, y eso cuenta. He escuchado que no hay que fiarse solo de las malas reseñas. A veces, hay turistas que no entienden el rollo y dejan opiniones injustas que no reflejan realmente lo que es el sitio. Si vas, asegúrate de disfrutar esa comida casera y la buena onda que tiene.
Y ya que estamos, hablemos de las vistas. Antes siempre eran impresionantes, aunque dicen que no se comparan con lo que hay ahora. El lugar tiene ese encanto de estar rodeado de naturaleza que puede dejarte sin aliento. Imagínate disfrutando de una buena comida con ese paisaje de fondo... Se podrían hacer tantas cosas con el sitio. Con esas vistas y un poco más de organización, La Cilla podría ser un referente en la isla. En fin, al menos para algunos parece que la experiencia sigue valiendo la pena, así que no te quedes solo con las quejas.
Qué palabras describe el autor para referirse al estado actual de La Cilla
Así que, chaval, si piensas en pasar por Restaurante La Cilla, prepárate para un show. La vista desde la terraza es alucinante. Un atardecer de película, en serio. Pero, ¡ojo! A nosotros se nos hizo de noche mientras esperábamos. Llegamos a las 4:30 de la tarde y el servicio parecía estar tan de vacaciones como nosotros. Tuvimos que pedir pan hasta cinco veces y nunca llegó. Las cervezas, que en teoría debían estar frescas, se quedaban en la barra a esperar a que alguien se dignara a servirlas. Te imaginas, ¡y todavía le ponían más espuma! Un desastre absoluto.
Y la comida, que se decía buena, se convirtió en una mezcla de incertidumbre y frustración. El servicio* fue una pesadilla, el equipo parecía estar peleando entre ellos y el ambiente no ayudaba nada. ¡Todo lo contrario! Un griterío constante y una vibra para nada agradable. La comida, aunque con buen sabor, se sentía fría porque teníamos la sensación de que se había rehecho del día anterior. Nada recomendable después de un día de paseo en uno de los lugares más bellos de la isla.
A ver, si te digo las palabras que describen actualmente a La Cilla, son [malo, caótico, lento, sucio]... ¡totalmente decepcionante! El lugar tiene potencial, pero lo están desaprovechando tan a lo grande que daría pena volver a intentar una buena comida ahí. La verdad, no sé qué más puede pasar para que se den cuenta de que deberían hacer un cambio completo. En cualquier caso, si decides arriesgarte, ve con paciencia y no esperes mucho del servicio.
Cuál es la principal queja sobre la limpieza del restaurante
Mira, si buscas un sitio con vistas espectaculares, el Restaurante La Cilla en Camino de la Silla, 3, 35350 Artenara, Las Palmas es una opción de lujo. La atención de Enrique es de lo mejor, el tío siempre está al tanto de todo, incluso cuando hay un montón de gente. Te aseguro que te hará sentir como en casa, así que no te olvides de decirle que se merece un aumento. Ahora bien, ojo con una cosa: no es lugar para ir con prisa. Los tiempos de espera pueden ser largos, pero mientras te relajas con esas vistas, te olvidas del reloj.
La comida también está de muero. Prueba el secreto ibérico y los huevos rotos, que son un true love en este lugar. Si bien es cierto que algunos platos pueden tardar un rato en llegar, la calidad suele ser muy buena por el precio que pagas, que ronda entre 10-30 € por persona sin vino. Y sí, puede que el servicio no siempre sea perfecto, pero no hay que olvidar que aquí lo principal es disfrutar del ambiente. Así que si te gusta lo fresco y no eres muy de estar con el reloj, cuestiónate si este es tu sitio.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Ha habido críticas sobre su limpieza y organización. Algunos comensales han notado que la atención no siempre es ideal y que a veces, el ambiente se siente tenso. La gente ha comentado que los camareros parecen un poco desbordados y eso se nota, sobre todo si te toca esperar mucho entre los platos. Así que, aunque el sitio tiene su encanto y unas vistas que quitan el aliento, hay quien ha salido con la sensación de que la organización brilla por su ausencia y que un poco más de limpieza y orden no estarían de más. ¡A ver si lo mejoran! ♂️
Qué problemas se mencionan respecto al servicio del personal
Ayer, me fui de ruta con mi compi y terminamos almorzando en Restaurante La Cilla. La verdad, ¡qué sitio tan brutal! Está en Camino de la Silla, 3, Artenara, y si no lo conocías, ya estás tardando en ir. Llegamos sobre la 13:15h y había muy poca gente, así que nos acomodaron de inmediato en una buena mesa. Pedimos de beber y nos lanzamos a probar la comida. Menudo festín: ensalada La Cilla, huevos rotos con pistos y, por supuesto, las famosas papas arrugadas con su mojo rojo canario. Todo esto por 26,30€. ¡Calidad y precio fantásticos!
La comida fue un espectáculo, de verdad. El servicio fluido y agradable, no tuvimos que esperar mucho. Eso sí, hay un pequeño detalle que le falta: las cartas de comida. Están bastante deterioradas y mal diseñadas, algo que sería genial si mejoraran. Con eso, todo sería mucho más fluido y cómodo. ¡Ánimo equipo, que por lo demás está todo de lujo!
Y hablando de sorpresas, hace tiempo no iba a este lugar, y me reaparecí para descubrir que sigue mantenido en forma. Comimos rápido, ya que llegamos justo a las 13:00, y el servicio fue de 10, especialmente gracias a Cristina, que nos trató genial. Si vas, no dudes en pedir las papas arrugadas, pimientos de padrón y el gofio escaldado, son una pasada. Sin embargo, el potaje de berros no me convenció mucho porque le faltaba sabor, y ojo al conejo frito, que se quedó un poco escaso y blando. A evitar la ropa vieja, que es solo garbanzos de bote. Aún así, pienso repetir, porque las vistas son realmente increíbles.
Ahora, sobre ese tema del servicio del personal: lo que se menciona son problemas con la presentación de la carta, que está mal diseñada y algo deteriorada. Así que, aunque el trato fue bueno y rápido, esa carta podría darle un toque aún mejor. Pero, en general, el servicio fue bastante agradable. ¡Definitivamente, un lugar para recomendar!
Cómo afecta la presencia de moscas a la experiencia del cliente en La Cilla
¡Vaya, qué experiencia con el Restaurante La Cilla! Está en Camino de la Silla, 3, 35350 Artenara, y la verdad que no puedes dejar pasar las vistas. En serio, si te animas a ir, ese pedazo de terraza es un regalazo. Se ve todo desde ahí, tanto el Roque Nublo como el Pinar de Tamadaba. Solo por eso, deberías hacer una parada. Eso sí, no esperes un servicio ultrarrápido. Tienes que tener un poco de paciencia, pero te prometo que vale la pena, porque la comida está de 10.
Hablando de la comida, los huevos rotos con pisto son un must. Cada bocado es un festival de sabores. Ahora, te cuento que el ambiente es muy agradable, el comedor es acogedor y si logras encontrar sombra en la terraza, ¡genial! Aunque hay que tener en cuenta que si hace buen día, puede hacerse un poco caluroso. Algunas sombrillas no vendrían mal, ¿no?
Aunque hay quienes se han llevado una decepción con el servicio. Las reseñas no mienten. Algunos dicen que el servicio es lento como un caracol. Imagínate esperar 2 horas y media solo para que te traigan un vino. Eso es para pensárselo dos veces. Luego, si te pones a observar, ves que el equipo es muy limitado y los pobres camareros hacen lo que pueden, nene. Esa espera al final se traduce en una experiencia más frustrante que placentera.
Ahora, hablemos del tema de las moscas. Si hay algo que puede arruinar un buen plato es que te toquen las narices volando a tu alrededor. Una presencia de moscas puede hacer que la experiencia se sienta aún más incómoda, sobre todo cuando ya estás lidiando con un servicio lento. Es como si todas las piezas del rompecabezas no encajaran. Así que, a la próxima que vayas, ten a mano un trapito, porque el entorno puede influir en lo que podrías disfrutar. ¡Pero ya sabes, cervecita en mano y a disfrutar de las vistas!
Qué tipo de comida se servía en La Cilla anteriormente
Te cuento que el Restaurante La Cilla tiene un potencial increíble, pero, desgraciadamente, la gestión deja mucho que desear. Las vistas son espectaculares, eso ni lo dudes. Pero el servicio... madre mía, un desastre total. El otro día llegamos y, a pesar de que había mesas libres, tardaron un montón en darnos una. Pedimos cambiar a una mesa que tenía vista a la ventana y nos dijeron que no, porque eso haría que tardaran más en servirnos. Al final, después de más de 20 minutos esperando, nos dicen que no tienen el vino que habíamos pedido. Con esa terraza hecha un asco, decidimos levantarnos y marcharnos sin comer, ¡una pena! No lo recomiendo para nada.
Pero no todo es malo, eh. Un par de días después, fui con mi pareja y la cosa cambió. La comida estaba muy buena. El mojo suave es un puntazo para los que no somos muy amigos del picante, y el alioli, para mojar pan, riquísimo. La parrillada para 2 es un must, aunque podría mejorarse un poco en cantidad. La carne estaba increíble, ni un mal bocado. Eso sí, las camareras que nos atendieron fueron super amables, lo que siempre se agradece. Por unos 10-20 € por persona, ¡repetiríamos sin duda!
Aunque también tengo que decir que en otra visita el sitio seguía descuidado. Solo estaba un camarero, que al principio muy majo, pero luego se olvidó de nosotros. Después de 20 minutos esperando, resulta que el cocinero también era el que cobraba y no podía entender mi letra. Eso sí, las vistas siempre serán un punto a favor. En cuanto a la comida, para ser franco, la tabla de quesos no tenía ni idea de qué estaba sirviendo, y las cuñas estaban cortadas tan gruesas que no se disfrutaba. Pero si hay tan poco personal, pues es difícil gestionar bien. Una pena que un sitio como este, con ese entorno, esté tan mal administrado.
Y para responderte a la pregunta de qué tipo de comida se servía antes, por lo que se comenta, era muy variada, pero siempre con unos toques locales, como el mojo o los quesos. Aunque parece que la calidad ha bajado con el tiempo. ¡Con un poco de reciclaje, este lugar podría brillar mucho más!
Cuáles son algunos de los platos destacados que se mencionan
Mira, no me voy a andar con rodeos. Restaurante La Cilla es un chasco total. Estuvimos casi dos horas sentados y el servicio era más lento que un caracol en una carrera. Al final, tuvimos que cancelar un entrante porque lo trajeron cuando ya nos habíamos terminado todo. Y no hablemos de la calidad de la comida, porque es fatal. Le doy una estrella porque es lo mínimo, pero ni de palo lo recomendaría. Hasta una de las camareras nos dijo que, si fuera sincera, tampoco volvería. Evita este sitio como si tuvieses que cruzar un río de cocodrilos.
Y por si esto no fuera suficiente, el día que fui hice una reserva para llevar a unos amigos y al llegar nos dicen que han aceptado más reservas que mesas disponibles. ¡Buen detalle, ¿no?! Nadie ofreció una solución y tuvimos que salir pitando. Los que estaban dentro llevaban esperando desde las 13:20 y ya eran las 15:00. El sitio tiene potencial, pero claro, está tan mal gestionado que es una pena. Un 0 no se puede dar, pero un 1 tampoco queda lejos.
La única razón por la que le daría más de una estrella es por las vistas, que son realmente impresionantes. Pero, sinceramente, entre plato y plato pasaba una eternidad. El sitio no estaba lleno, solo ocupaban las mesas de afuera. Y hablando con otras mesas, ¡todos estaban igual! Lo de pedir pan con alioli y que solo te den el pan, y después esperar un cuarto de hora para el alioli, es un clásico aquí. La comida, ni fu ni fa, solo vale la pena por las vistas. Así que, si te gusta comer de la forma más trágica posible, mejor que te quedes en casa.
¿Y de lo que se come? Bueno, parece que hasta el pan con alioli es un plato destacado, pero ni eso sale a tiempo. La verdad es que nadie menciona un plato específico que merezca la pena.
Qué consejo se da al lector respecto a visitar La Cilla actualmente
Mira, si te pasa por la cabeza visitar La Cilla, te voy a decir una cosa: las vistas son lo único que realmente vale la pena. Pero, fuera de eso, prepárate para una experiencia que a lo mejor no te va a dejar muy satisfecho. La última vez que estuve, esperé 45 minutos para unos entrantes que, sinceramente, deberían haber estado mucho mejores. ¿Croquetas de chorizo y papas? Más vale que se apuren, porque lo que probé no me dejó con ganas de volver. El segundo plato llegó con más pena que gloria, y al final ni me molesté en pedir postre. Así que, si vas, ve mentalizado a que puede que no comas tan bien como esperabas.
Otra vez que fui, todo se volvió lentísimo. Entramos sobre las 14:30 y, entre pitos y flautas, acabamos comiendo casi a las 17:00. Lo que faltaba, ¿no? La comida era decente, y las vistas seguían siendo guapas, pero el servicio… ¡puff! Eso hay que mejorarlo ya. Las croquetas que nos sirvieron no sabían a nada y la ensalada, pues pasable. Esa sensación de estar en un comedor lleno de aceite porque estás muy cerca de la cocina, no da buena vibra.
Y, para rematar, la última vez pedí un pulpo frito que llegó más que quemado, y el pastel de puerro con gambas… olvídate. Parecía masa de croqueta fría y las gambas brillaban por su ausencia. No sé si estoy pidiendo mucho, pero al menos que lo que sirvan esté decente. Ah, y el tiempo de espera entre plato y plato es un testimonio de paciencia.
Así que, mi consejo para ti sobre visitar La Cilla: ve solo si quieres sacarte una fotito con vistas. Si buscas un buen meal, mejor dale una vuelta y busca otras opciones por la zona. Te lo digo por experiencia, ¡hay lugares que seguro te dejarán mejor sabor de boca!
Por qué se sugiere buscar alternativas a La Cilla
Tienes que escuchar lo que te voy a contar sobre La Cilla en Artenara. Este sitio es una maravilla por las vistas impresionantes que ofrece. En serio, están entre las mejores de la isla. Accedes al restaurante por una cueva, algo que ya le da un rollo único. La comida está buena, no te voy a mentir, pero el servicio podría mejorar un montón. Ahí es donde se nota que a veces les falta un poco de coordinación, sobre todo cuando hay más gente. Eso sí, asegúrate de buscar un sitio con sombra, porque el sol pica fuerte a ciertas horas y lo de tener sombrillas es crucial.
Hemos aprendido la lección: planear bien la próxima visita es clave. Aunque algunas quejas sobre el servicio son reales, hay otras experiencias que destacan lo bien que lo hacen algunos camareros. Por ejemplo, Efrén y Quique son unos cracks, y hasta nos dieron una trona cuando fuimos con el bebé. Así que, haciendo una buena reserva, puedes que te lleves una grata sorpresa. Lo bueno es que el precio ronda entre 20 y 30 € por persona, así que no está tan mal.
La verdad que es un sitio precioso, y estar allí hasta el atardecer es otra cosa. Pero, ojo, también hemos escuchado historias de gente que se marchó sin comer. La espera puede ser una pesadilla si hay solo uno en la cocina y un montón de gente. Hasta los que estaban esperando se quejaban del tiempo de espera y de que les servían cosas poco hechas. Así que, ¿por qué buscar alternativas a La Cilla? Pues, si no tienes tiempo ni paciencia para esperar, o si escuchas que hay problemas con el servicio y la limpieza, entonces es mejor que busques opciones donde te traten bien de verdad y estés más cómodo.
Qué sentimientos evoca el autor hacia la transformación del restaurante
Te cuento, el Restaurante La Cilla en Camino de la Silla, 3, 35350 Artenara es un lugar que deberías probar. Tienen 3 estrellas por un motivo, ya que todo está muy bien. Las vistas son increíbles, eso no se puede discutir. Imagínate sentarte ahí mirando el Roque Nublo y el Roque Bentayga, ¡una maravilla! La comida, ni hablar, muy rica y bien elaborada. Me encanta ver a la cocinera en la braza, lo hace con tanto cariño que se nota en cada bocado. Ese gofio escaldado… ¡uff, ni te cuento!
Los camareros son bastante simpáticos, aunque nos dejaban pedir de más sin avisarnos de que era demasiado. Un detallito que podrían mejorar. Y hablando de mejoras, el lugar en sí necesita un poco más de mantenimiento. Especialmente el comedor y el baño, que están un poco dejados. La terraza también podría dar un pelín más de sí con algunas sombrillas extra, porque ese sol quema.
Lo que sí mola es que el acceso está adaptado para la movilidad reducida. Tienes que pasar por un pasillo que parece una cueva, lo que añade un toque especial al lugar. La atención a la seguridad es un plus, especialmente en estos tiempos. Yo te diría que hagas reserva para evitar quedarte en la puerta, como nos pasó a nosotros. Pero, sinceramente, solo por las vistas y la experiencia ya vale la pena visitarlo.
Sobre la transformación del restaurante, se siente una mezcla de nostalgia y esperanza. Lo ves con un gran potencial, pero también con cierta tristeza porque lo que fue antes se ha descuidado un poco. Al final, eso lo hace único, pero me gustaría que le dieran un poco más de cariño a esos detalles de mantenimiento. ¡Total! Que, aunque regresaremos y le dejaremos las 3 estrellas, lo haré con la esperanza de que la próxima vez nos sorprendan con unas instalaciones más cuidadas. ¡Volveré sin duda!
Fuente: Información obtenida de la ficha oficial de Google My Business.
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